Como siempre, después de tanto tiempo sin escribir por aquí, creo que lo mejor es poner lo primero que se me venga a la cabeza. Y lo primero que se me ha venido es una historia que me ocurrió de pequeño, muy pequeño. Cursaría 4º de primaria supongo. Aquella mañana estaba desayunando cereales con leche en mi casa.
Eran Golden Grahams. Me encantaban. Con leche fría.
Cuando empecé a echarlos en el bol vi que los cereales estaban cubiertos por unas bolitas rojas. Muy pequeñas. Más pequeñas que las hormigas. No recuerdo que pensé, pero por descarte debió de haber sido algo como un "bueno".
Llené el bol de Golden Grahams, y luego de leche. Un poco de azúcar por encima (por cierto, el azúcar sólo afecta a las dos o tres primeras cucharadas, luego se cae). Y enconces, a comer.
Ya llevaba la mitad, cuando... seguí.
Ya me quedaba poco, cuando me fijé en un detalle sin importancia.
Las bolitas se movían :)
-The End-
P.D: Estuve varios años sin apenas probar Golden Grahams, y aún después de mucho tiempo, jamás los he vuelto a ver de la misma manera.
P.D II: Ese día aprendí que efectivamente existen bichos más pequeños que las hormigas.
¡Muy buenas!
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Desde un bonito hotel en Carolina del Norte. 22.20 de hora local. El único día hasta ahora (desde que salí de España el 13 de julio) en el que me he podido sentar sin estar en una caravana, para poder escribir un rato en el ordenador. Todo esto me libera de la culpa de romper la promesa que hice de escribir todos los días en mi blog durante mi estancia en EE.UU. ¡No es una excusa! El primer mensaje que recibí de Chris (el jefazo) al llegar a Nueva York: "Nos vamos de viaje de 7 a 10 días (al final serían dos semanas y espero que no más) entre el quinto y sexto pino. Es obligatorio".
Una semanita aterrizando y recordando New York no estaría mal... pensé. Pero como para quejarse, porque la verdad, por mí genial. Lujo "obligatorio": estoy viajando por los Estados Unidos en una caravana, parando en todos los sitios interesantes, yendo tanto por parques de atracciones como por ciudades antiguas o museos, con muy buena compañía, americana y española... aprendiendo inglés... y lo que todos estabais esperando: sí, todo pagado.
Resumiendo el viaje de ida (cuyo interés por la novedad del destino queda anulado al ser la segunda vez), os cuento brevemente en qué consistió, saliendo el 13 de julio:
-De Marbella en coche a Málaga. Me llevó mi madre muy prontito (aprovecho para agradecer el esfuerzo a mi mamá)
-De Málaga a Madrid en AVE. Salía a las 7.10 y llegaba a las 9.40. La película era Sherlock Holmes, la nueva. Estuvo entretenida y para lo que podrían haber puesto no está nada mal.
-De la estación de trenes de Madrid a barajas, en Taxi (Otro año más que paso de enterarme de cómo se va en metro). 27€. Llegué a Barajas a las 10.10 aproximadamente. Y como no, demasiado pronto, que todavía estamos en España para ser tan puntuales. (Ejem ejem, Carol). Quién me mandará...
-Del aeropuerto (que no aereopuerto), de Madrid, a Philadelphia. La parte larga, unas 9 horas. Mucho mejor el avión del año pasado, de la compañia Swiss, que este de US Airways, pero bueno. No os cuento anécdotas de pasta con leche esta vez, ni de chocolatinas gratis. De todas formas, Carol ya se encargó de que tuviera algo que contar. En la parte central del avión hay 4 asientos. Carol y yo estábamos en los dos centrales. A su izquierda, Carol tenía a una señora bastante mayor, que en un momento (después de comer) se encontraba leyendo un libro, con su bandeja de la comida desplegada. Entonces pasó algo que me costará contar por escrito bien, y que no será lo mismo que vivirlo, pero:
Carol me dice: "voy a ponerle mi bolsa de basura en su bandeja".
Entonces, en lugar de pedirle a la pobre señora si podía dejar la basura en su bandeja, coge y se la intenta colar "sigilosamente" por detrás del libro, sin decirle nada. Si supierais lo absurda que es esta idea (porque la otra por supuesto veía a Carol desde el principio y un libro NO TE IMPIDE VER UN BRAZO CON UNA BOLSA), os quedaríais igual de sorprendidos que yo.
Por supuesto la señora vio a mi compañera de viaje y la miró frunciendo el ceño. Carol se asustó y para rematar la jugada derramó la coca-cola de la señora, que no entendía nada de lo que estaba pasando. Por si fuera poco, en lugar de pedirle disculpas o seguir hablando con ella, se gira, me mira y empieza a reírse a sus espaldas, lo que desató completamente mi risa también, después del momento tan ridículo. La pobre señora se debió de pensar que estábamos metiéndonos y riéndonos de ella... y eso... tenía más gracia todavía.
-En Philadelphia esperamos unas 5 horas en el aeropuerto hasta el siguiente vuelo. Aquí aprovecho para reflejar mi envidia sana hacia Carol, que al igual que Lucía tiene la perfecta capacidad de dormirse en cualquier sitio. El control de aduana para nosotros fue ligeramente distinto. Me enseñaron que había que decir siempre, si te pregunta un guardia, que vas a los EE.UU por "turismo".
-Buenas tardes señor, ¿cuales son sus motivos de visita a Nueva York?"
-Emm... ¡Turismo!
-Ahá, turismo... ¿Viviendo en el Bronx? (a tomar por saco el turismo).
-Bueno... por las mañanas un voluntariado...
Zas, a segunda inspección los dos, en sospecha de hacer algo ilegal. Nos tuvieron media hora en la oficina esperando. Hablando de qué pasaría al quedarse en Philadephia, de robar para comer, de pedirles que bajaran el aire acondicionado en la oficina, de salir corriendo sin el pasaporte para que pensaran "¿pero estos son tontos?" No podíamos aguantar las risas y el policía nos tuvo que mandar callar porque se pensaría que nos estábamos metiendo con él también. Qué mal pensada es la gente.
-Al final pudimos salir. De Philadelphia a Nueva Jersey en avión, duró una horita sólo.
-De Nueva Jersey (Newark) a Nueva York (Manhattan - Penn Station) en Tren. 15$ para empezar a recordar ya sitios y situaciones del año pasado.
-De NY Manhattan al Bronx en Metro... East 180. Bajar las malditas escaleras de la estación con las maletas. Las aceras para llegar a la casa. El puente. La gasolinera a la derecha. La minitienda de "fast food"... y finalmente, la casa, la LifeHouse.
No habían chicos americanos esta vez. Nos recibieron españoles sólo. Qué poquito inglés voy a aprenderrrr... pensé. Pero ahora estoy hablando más y mejor que nunca, bieeen.
El miércoles 14, reencuentro efusivo con Julie y Liz, que son encantadoras por decir poco. Por la tarde, intento fallido de cambiar los euros por dólares. Al día siguiente ya si eso... El caso es que el resto de la tarde estuvimos Carol y yo por Manhattan, en Starbucks, Madison Square Garden, viendo el final de un concierto que había hecho muy buen ambiente de tarde - noche americana en Nueva York, con una temperatura muy buena... "Hagamos tres tiendas YA".
El día siguiente levantada a las 6.15 a.m. para no acostumbrarse. Trabajo en una nueva calle: Austin St. Frente a otra clínica abortista. Mi intervención estelar de saludar con un "hello!" a una chica que entraba sin remedio hizo salir del coche a su novio: un ex-presidiario de metro noventa que le faltó que le dijera que me gustaban sus gafas de sol mientras me amenazaba para que dejara de ser una amenaza y se armara a puños. Eh, cuidado que soy cinturón amarillo de Taekwondo, y ya tengo suficiente con la herida de mi pie (que por cierto, va muy bien).
Por la tarde en Manhattan de nuevo, viendo de pasada Times Square, que tiene más luces y anuncios que nunca (bueeno, que el año pasado).
Y el viernes, de viaje por fin. Chris nos vino a recoger en la caravana, diciendo que nada de maletas grandes o duras para que viajáramos ligeros.
Y estoy en mi habitación. Pocos días les quedan a mis teclados, las fotos en las paredes, los pósters del Señor de los Anillos, la ropa en los armarios, todo. El domingo vuelvo a casa, y me llevo conmigo un curso 2009-2010 que fácilmente ha sido de los períodos más intensos de mi vida. Muy denso, con mucho positivo que he sacado, y que me queda por sacar todavía. Lo bueno de esto es que por mucho que sea, no me va a pesar costar nada llevarlo en el viaje. No ocurrirá lo mismo con los teclados y las maletas, que me hacen dudar de mi vocación musical o plantearme pasarme a la flauta cuando tengo que cargar con mis queridos instrumentos en el tren.
Hoy me he tumbado en la hierba. 6 horas después, sigo lleno de hormigas.

Introducción. Del deber ser comunicativo del Arte y el deber ser artístico de la música.
Contar historias. Con el Arte lo hacemos, o somos capaces de hacerlo, de muchas maneras, más sutiles que simplemente decirlas o explicarlas: las expresamos, y la expresión es hipónimo de comunicación. Es decir, el arte de verdad siempre supone comunicación, y no se puede dar el primero si no hay segundo.
Gracias al Arte podemos expresar incluso sin siquiera ser capaces nosotros mismos de explicar con palabras “qué es lo que queremos decir”. Simplemente nos interesa (de “intención”) mostrar una historia, expresar “eso”, lo que ves u oyes, no lo que “quieres que te explique”. El Arte no serviría si tuviéramos, o pudiéramos traducir todo el contenido de nuestra expresividad intencionada a palabras. El profesor Manuel Martín Algarra lo describe así respondiendo a la pregunta: “¿Qué quería decir Picasso con el “Guernica?” Picasso dijo “lo que dijo”.
Asimismo, Martín Algarra, en su libro “Teoría de la Comunicación: una propuesta” explica los requerimientos para que en una situación se dé la comunicación. Así, no existe la misma si no se cumplen, entre otras, dos cláusulas mínimas: Expresión e Interpretación. Podemos hablar así de la doble dimensión de la acción comunicativa: por un lado la expresión intencionada de un contenido por el emisor, y la interpretación de mismo por el receptor.
Por lo tanto, al suponer el Arte necesariamente una acción comunicativa, es preciso que exista tanto una expresión como una interpretación. Es decir, no se podrá hablar de Arte si no se dan las dos acciones; tendríamos que llamarlo de otra manera.
La música es una forma de Arte, y por tanto de comunicación. De todas las artes, la música está clasificada como la más abstracta en oposición a las artes más prácticas, en cuyo extremo se encontraría el diseño, curiosamente al límite de dejar de ser considerado como un “arte” en sentido estricto.
La música comunica artísticamente con el “Lenguaje Musical” como el propio nombre indica. Es decir, la comunicación musical se sirve de los recursos (equivalentes a las palabras o frases en literatura, a colores y línea en pintura, o a planos y encuadres en el cine), que ofrece el lenguaje musical o Solfeo, que incluye acordes, escalas, ritmo, melodía, armonía, y muchos otros recursos más.
Los músicos comunican a través de esos recursos de manera artística como un pintor lo hace a través de los suyos. Kandinsky ponía el ejemplo de que un rojo brillante podía producir el mismo efecto -comunicar lo mismo- que un toque de clarín.
La poesía es un ejemplo más. En este caso los recursos consisten en versos, estrofas, rimas, métrica... Palabras, letra.
Hoy en día, “prácticamente toda la música tiene letra”. Y pongo esta frase entre comillas porque no estoy de acuerdo con ella en su sentido estricto, y al mismo tiempo planteo el problema: casi nadie hace música ahora, y aún mayor es el porcentaje de los que no escuchan música. El primer pensamiento que se nos viene a la cabeza de “¿cómo que no? si hoy hay miles de grupos de música, y todo el mundo va con el mp3 a todos lados”, es precisamente el segundo gran problema: no nos damos cuenta del primero.
La explicación de cada problema tiene a su vez la misma doble dimensión de la comunicación. Por un lado hay un problema en la expresión musical actual por parte de los “artistas”, y por otro, muy distinto, un conflicto en la interpretación (como recepción) de dicha música por parte del público.
Trataremos de profundizar en cada dimensión con detalle en los siguientes epígrafes. De momento cabe concluir el planteamiento base explicado hasta ahora: el arte sólo lo es cuando es comunicación, y la música sólo lo es cuando es arte. Por ende, la música sólo lo es cuando hay comunicación, en su doble dimensión: expresiva e interpretativa.
Después de mucho tiempo sin escribir, la situación me exige una entrada en condiciones. Entramos entonces en un círculo vicioso de indecisión y descarte. La única solución es en la que mis queridos profesores de CIE, Josean y Bea, nos insistían: escribir cualquier cosa, o escribir propiamente que estás bloqueado. Aquí está escrito lo segundo, y ahora voy a contaros lo primero que se me ocurre.Mi tío Gustavo, marido de la hermana de mi padre, es ingeniero y propietario de una empresa de gas y electricidad en Melilla: Gaselec. Viaja mucho, le encanta viajar, y hacer fotografías. Tiene miles y miles de fotografías. Ésta última imagen es sobre todo la que tienen mis hermanos de mi tío, porque apenas saben en qué trabaja, sólo saben que viaja mucho, le encanta la fotografía, que tiene una autocaravana, que nadie hace las barbacoas como él, y que nos lo pasamos muy bien cuando nos visita.
El otro día, mi hermano pequeño Jorge, de 10 años confesó un pensamiento a mi madre en privado.
-Mamá, no sé si de mayor voy a ser turista o periodista.
Mi madre sin ocultar su risa, le respondió.
-¡Pero Jorge, qué dices! ¡Si turista no es una profesión!
A lo que Jorge respondió con intención de pillar a mi madre.
-¿Ah no? ¿Y entonces el tito Gustavo qué es?
Pretensión de controlar la evolución, selección de embriones, exclusión de la deficiencia, ataques a la dignidad humana, reducción del ser humano al procesamiento de información, subordinación de la santidad de la vida a la calidad de vida, aborto...
Que el posthumanismo y todo lo que éste conlleva plantea trabas muy serias es algo que fácilmente nos queda claro a todos.
Que sea posible que a estas alturas del “avance humano” surjan estos problemas y aparentemente no vayan a solucionarse en largo tiempo, es algo quizá más difícil de entender, y que podría ser la clave que escrutar para la solución de estos problemas. Una de las causas del aciago relativismo es que en cuestiones muy graves parece que, tanto los que atacan a una idea como los que de forma totalmente contrapuesta la defienden, tienen ambos muchos “argumentos con sentido” en su defensa, y una multitud de personas que los apoyan a sus espaldas. Esto nos lleva a pensar que, si los dos parecen tener razón, o al menos razones, en cuestiones totalmente contrarias, es imposible llegar a un acuerdo, a una verdad única.
Lo cierto es que en muchas ocasiones, en la práctica es imposible, ya que se cruzan argumentos sin atenerse a los presupuestos de los que parten cada uno. Y si no se entra al fondo de los planteamientos ni se parte de la misma premisa para argumentar, la discusión entre las posiciones opuestas se convierte en eterna, pues las dos partes tienen conclusiones (derivadas de esos presupuestos de fondo) que son “buenas” si se les tiene en cuenta independientemente.
Particularmente me voy a centrar en uno de los problemas de planteamiento y quizá el más importante en lo que respecta a la bioética: las diferencias al “establecer” el comienzo de la Vida. Las contrapuestas existencias de argumentos que apoyan tanto a la totalidad del campo de la investigación con embriones como a la defensa y protección de los mismos se derivan al partir de fechas distintas como momento en el que comienza la vida humana. Creo que todos consideramos como problemas, (de una manera u otra) y no como “situaciones normales” a los conflictos y medidas que se están tomando o son susceptibles de adoptarse en este campo. Al considerarlos como problemas, pensamos que existe una solución, y que sólo una puede ser la correcta (si no, no se acabaría el problema), lo cual nos lleva inevitablemente a pensar que sólo debe haber y considerarse un único momento en el que comienza la vida. Los argumentos y medidas que partan del presupuesto -momento- correcto (cualquiera que sea), no se contrapondrán entre ellos siempre que sean en sí mismos buenos y coherentes. Es decir, se acabarían todos los conflictos morales entre argumentos e ideas que implican decisiones con respecto a la vida humana, al partir todos los dichos argumentos del mismo planteamiento o premisa de fondo.
El siguiente paso es intentar encontrar el momento correcto del inicio de la vida. Para ello conviene no dejar posibilidades abiertas, como el plantearse la propia existencia de dicho momento, o de la misma vida. Vida creo que hay, ¿no? Eso lo tenemos todos muy claro. Por lo menos somos conscientes de que, ahora mismo, estamos viviendo o existiendo de alguna manera, "algo distinta" a la manera en que lo hacíamos hace doscientos años (si es que había alguna). En resumen, antes no vivíamos y ahora sí, y eso tiene que haber comenzado en algún momento.
Ese momento es medible en el tiempo, y origina “algo” físico, material, que en cierta parte “somos nosotros”. ¿Qué somos materialmente? Podemos describirlo como un individuo, ser vivo, de una esperanza de vida de unos 80 años. Dicha esperanza aproximada es una característica común a todas las fases de nuestro desarrollo, que hemos tenido todos desde el preciso momento en el que comenzó nuestra vida. Acerquémonos a los instantes próximos a lo que podría ser el momento del inicio vital:
- La vida de un espermatozoide gira en torno a los uno y tres días (claramente nosotros no éramos el espermatozoide).
- La vida de un óvulo alcanza hasta las 48 horas (me siento aún menos identificado con el óvulo).
Podría ir describiendo cómo el espermatozoide avanza en busca de su óvulo, pero además de ser aburrido, no nos interesa, puesto que en ningún momento el espermatozoide u óvulo sufren ningún cambio que nos permita probar “a ver si ahora” nos parecemos más a ellos. Por lo tanto, avancemos rápido hasta el siguiente cambio.
Llegamos a un momento, llamado fecundación o concepción, los dos gametos se unen y, misteriosamente, desde ese instante, aquellas células cutres de 48 horas de vida, pasan a tener un futuro de más de setecientas mil horas, 80 años de esperanza de vida. Exactamente como nosotros.
¿O es que somos los mismos?
Vamos a comprobarlo: si avanzamos rápido como antes, nos damos cuenta de que a partir de ese momento no hay ningún cambio que no sea consecuencia de la división de células, especialización de las mismas, y nutrición (y eso lo seguimos haciendo ahora mismo).
Avanzamos rápido. Antes de darnos cuenta, llegamos hasta la muerte del ser humano (a partir de ahí no podemos avanzar mucho más), y entonces advertimos con claridad, que no hay más cambios que esa nutrición, división y desarrollo, y que si la vida no empieza en el momento de la concepción, es que no hay vida.
(Entonces llega Peter y le dice a su amigo Juan Pablo)
Peter: -Bueno, espera, hay un momento en el que pasamos de no tener uso de razón a tenerlo. Ya sé que es algo independiente del cuerpo humano, pero quizá podríamos diferenciar entre seres humanos y personas, y decir que no todos los humanos son peronas y que sólo los segundos son dignos...
Juan Pablo: -Buf, ¡pero si eso ya te lo explicó Spaemann el otro día!

