Buscando notas y palabras

"Until only the righteousness prevail"



Más de 20 días aquí ya. Diría que han pasado 2, como mucho, si no fuera porque tengo vídeos, fotos, y recuerdos que me demuestran lo contrario.

Recuerdo el principio. Buf, ésa era la palabra. La primera vez que la dije (o la pensé) fue al sentarme en el Airtrain que salía del aeropuerto. Prestaba poca atención al paisaje urbano que por fin podía contemplar. ¿Por qué?

Pues porque no podía dejar de pensar en mil cosas, y mil preguntas hice a los pobres españoles que nos recogieron del aeropuerto aquel 10 de julio. Ahora entiendo la paciencia que tuvieron y lo bien que nos recibieron. Sobre todo porque...

-Cambiamos de narrador de la historia a Sofía: "A las 15:00 nos llama Chris diciendo que vayamos al aeropuerto recoger a Lucía y a Jose. Total, que nos cogemos un tren hacia allí.

-Luego nos dimos cuenta de que no sabíamos a qué hora llegábais.

-Luego nos dimos cuenta de que no teníamos vuestros móviles y no podíamos contactar con vosotros.

-Luego nos dimos cuenta de que no sabíamos qué aspecto teníais. Cogimos unas hojas y escribimos "Jose, Lucía". Y nos plantamos en la sala de llegadas, junto con cientos de personas que recibían a otros tantos en uno de los aeropuertos más grandes del mundo, a ver si veíais el cartel cuando pasárais por allí."

"Pasaba el tiempo. Nosotros allí de pie entre toda la gente sin que nadie nos dijera nada. Estábamos agobiados porque quizá ya habíais pasado de largo sin vernos. (Por no hablar del coñazo de llevar una hora allí de pie, y encima sabiendo que quizá ya habíamos pasado, pues Lucía y yo también estuvimos de pie haciendo cola del control de acceso, 2 horas en las que me dio tiempo hasta de cansarme de Nueva York sin haberla visto siquiera). Pero por fin me miró Jose de repente y cuando nos saludó sentimos un alivio... que ni te imaginas."

-Volvemos con el autor como narrador: Claro, después de todo esto, hace falta incluso más paciencia que la necesaria para responder a todas esas preguntas sobre lo que ya tienes hasta en la sopa. No hablemos de la virtud de ponerles buena cara a los que van ocupar más sitio en la casa, en la que ya no caben. Muchas gracias, Sofía, José, María.

El primer día, aquella tarde, la pasamos en la casa, pensando que dónde nos habíamos metido, madre mía. Aquello era un caos, el desorden de la casa, la gente a su bola, algunos comiendo, otros con el portátil, unos hablando en inglés y otros en español... fue divertida la sensación de encontrarse con ese caos tan acogedor a la vez. Hay que decir que a los dos o tres días aquello ya no te parece nada fuera de lo normal. A todo esto, aún no nos habíamos creído que estuviéramos en Nueva York, ni siquiera cuando a partir de entonces tuviéramos más razones que suficiente para creerlo...

...razones en estado puro: los edificios interminables, las luces de manhattan por la noche, el cine abierto frente al río Hudson...

...y la mantequilla de cacahuete, "si le pones mermelada, resulta un buen almuerzo" (mamá, si supieras hasta qué punto me tomé al pie de la letra esa afirmación de Chris, seguramente me la gano)...

...Los negros con talento (o sin él) en lugares públicos, los dramas de telenovela entre los americanos de la casa, los lugares que se ven en las pelis como Central Park, la alimentación tan desordenada de los americanos, cuando tienen hambre, comen...

...La estatua de la Libertad, la efusiva religiosidad americana que casi sirve de ejemplo. De repente vas por la casa y uno tumbado en la cama escuchando canciones de misa en el móvil como si fuera The Beatles, otro día ves que una está echando agua bendita por la casa diciendo que hay demonios dentro, otro día ves a los americanos reunidos para rezar cantando como si se reunen para jugar al trivial...

La Quinta Avenida.

Las conversaciones en inglés, los viajes en metro, las locuras de Chris, los miles de banderas americanas por todos los lados, hasta en las iglesias. Me gustaría saber qué sería de una iglesia en Pamplona si pusiera una bandera de España al lado del retablo...

...Levantarse pronto para trabajar en los diferentes sitios, y lo duro que resulta a veces ver que las chicas van a abortar muchas veces aunque quieras ayudarles. Gracias a Dios, la mayoría se lo piensa mejor y muchas tienen al niño gracias a nuestra ayuda. Eso resulta milagroso, indescriptible.

...Me da pena no estar escribiendo todo lo que he hecho y estoy haciendo, cada día.



9 de Julio. Aquel día, a las 23:59, salí de la estación de autobuses de Marbella hacia Madrid. 7 horas. Ese era el tiempo estimado. Luego, con el tráfico y otros retrasos, sería casi una hora más. Al llegar, cogí un taxi, "terminal 1 de Barajas, por favor". Casi 30€. Y a las 8:20 a.m, me encuentro allí con Lucía, y su nueva amiga griega del autobús...bus... bus... Airbus. Salió a las 9:50 hacia Zurich, y estábamos dentro. Por fin, el primer recuerdo bonito del viaje: los paisajes desde el avión. 2 horas de trayecto, qué calladita has estado durante el viaje, Lucía. Qué pena que sólo te vaya a durar hasta que se te pase el mareo. Broma, pero en Zurich sin embargo, el control no era un simple detector de metales. De momento pusimos en la cinta transportadora hasta los zapatos. Luego nos cachearon. Es lo que tiene ir con un melenas con pulseras, Lucía, ya lo siento.

El avión a Nueva York era más grande. 2 filas en cada lateral, y 3 filas centrales, que fue donde nos tocó. En el otro asiento se sentó... una griega (las dos únicas griegas que he visto en mi vida en el mismo día). 13:00. Cada sitio tenía su propia televisión, y la verdad, con el portátil, la música, y Lucía sentada al lado, ni se me ocurrió encenderla en las casi 9 horas del viaje. La hora de la comida: ravioli, ensalada, un trozo de pastel de postre. La pasta sabía muy bien, sobre todo cuando le eché el botecito ese de nata, pero entonces, "¿Would you like a coffee?":

-¿Me puede echar un poco de leche en el café, por favor?
-Sí, la leche la tienes en el botecito ese.
-¿Botecito? ¿Qué botecit...? Oh, no.

Desde ese momento fuimos los amiguitos del azafato. Cada vez que nos traía algo, se cachondeaba de la pasta con leche de alguna forma. Todo es para bien, al final me dió 20 chocolatinas. Aún me quedan.

Se acercaba, se notaba, pero no se veía (porque no teníamos ventana). Algunas risas más y de repente, estábamos aterrizando en la terminal 4 del aeropuerto (que no aereopuerto) de JFK, en Nueva York. At last, (que no at least). Salimos del avión. Andábamos rápido por el aeropuerto, con la emoción a flor de piel...

En este momento no sé si hacer un salto de tiempo hasta las 18:00 horas, porque le voy a quitar toda la gracia a la historia. "Wau, cuánta gente hay aquí, ¿a qué esperarán?"

¿A qué esperaremos?, mejor dicho, porque nos tiramos 2 horas de pie haciendo cola en el control de la terminal, con la griega que se había puesto la mascarilla por miedo a la gripe porcina. ¿Y ahora cómo vamos a encontrar la maleta? Se veían desde lejos miles de ellas en las cintas transportadoras. Seguro que se habían perdido. Aunque en realidad las encontramos. Luego, saliendo del aeropuerto por fin, vi por casualidad a dos chicas con un cartel. "Lucía, Jose".

Para cuando me di cuenta ya estaba en el metro al Bronx.

-Continuará-

Me encanta una oficina de Caja Navarra que hay en Pamplona. En mitad de todo este ambiente pragmático y funcional que se advierte cada día más, entras en ella y te encuentras, entre otras cosas, lo siguiente:
-Un espacio inmenso. Más del 80% es simplemente moqueta y asientos. Todo con un diseño muy cuidado.

-Mesas con libros y cuentos de todo tipo para sentarse allí mismo a leer.

-Dos televisores de pantalla plana conectados a consolas Wii.

-Cuatro ordenadores iMac en una mesa con conexión a internet para que la gente haga lo que quiera.

-Los puestos de atención están allí al fondo, como si fueran lo menos importante.

-Por si fuera poco, algunas tardes hay espectáculos de magia, payasos, conferencias, música...

¿En una oficina de banco? Acostumbrados a entrar a estos lugares para hacer algo concreto, que por cierto suele ser poco divertido (o más bien un rollo), casi ninguno de los que pasan por allí permanecen más tiempo de la cuenta en el sitio, y mucho menos para jugar. Y es que, desgraciadamente, es insólito ver oficinas de banco que te ofrezcan su hospitalidad de esta manera. Yo, para la siguiente vez que vaya, tendré en cuenta en el horario la partida que voy a echar a la Wii.

El otro día estuve allí con Jaime y Enrique Portales. Como me caían tan bien los de la oficina, decidí hacerles una gracia. Con disimulo, Jaime y yo fuimos cambiando los fondos de pantalla de los cuatro ordenadores que había, de tal forma que quedaran como en la foto que hice:


Luego nos fuimos de allí con el mismo sigilo. Antes de salir, vi cómo la chica que estaba en el puesto de atención al cliente se dirigía apresuradamente a los ordenadores, sorprendida. Se reía. Desde la calle la saludamos a través del cristal mientras suprimía las apologías a la competencia. Hizo un gesto de venganza.

¡Os quiero, can!

Cuando se hizo el silencio, pensé que después de aquella pelea, Jorge, mi compañero de piso, y yo, no nos hablaríamos en meses. Me dio la espalda y se puso a planchar la ropa en el suelo. Yo estaba de pie, enfurecido. Sin decir palabra veía como dejaba la plancha en la baldosa, al lado de su móvil, y comenzaba a alisar la camiseta con las manos. Seguro que no nos veríamos en todas las vacaciones, pero de repente le sonó el móvil. Alargó el brazo, cogió la plancha y se la puso en la oreja. Soltó un alarido y dejó la plancha bruscamente. Yo no podía parar de reírme.

Luego nos fuimos a tomar unas cervezas.


El 11 de diciembre participamos en el Concurso de Villancicos de la Universidad de Navarra. La actuación salió bastante bien, aunque no ganamos. Yo sé por qué: demasiado carácter de guasa. Ya lo advertí, aunque no insistí mucho, porque fue de las veces que mejor lo pasé en el año, y espero que el resto del colegio mayor también.

Luego vino mucha gente a darnos la enhorabuena y a decirnos que había sido el que más les había gustado. Cuando dieron los premios, volvieron a venir: "tendríais que haber ganado vosotros". Es un consuelo.

P.D: Si queréis ver el vídeo haced clic aquí.

Aquel reloj le cautivó. Muy caro, pero decidió permitirse un lujo. Total, no iba a repetir nunca un viaje a la India, y aún no tenía ningún recuerdo. Además, en media hora salían de vuelta a Suiza. El tendero se lo envolvió sin preguntar. Él continuó convenciéndose a sí mismo de su decisión mientras salía de aquel bazar. Lo desenvolvió en el viaje de vuelta. Era muy elegante y moderno a la vez. Sólo tenía dos agujas, sin números. Marcaba las seis en punto. Fue a pedir otro reloj a su compañero para sincronizarlo. Se giró, y vio que la hora de su reloj había cambiado sola, justo antes de darse cuenta de que aquella aguja marcaba el norte.